QUE HACER PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA

En la primera lectura de la misa dominical el libro de la Sabiduría nos recuerda que, en comparación con el conocimiento de Dios, que da sentido a la vida, todo lo demás pierde valor.

Jesús, el Dios hecho hombre, es la Sabiduría infinita, que se hace accesible a los hombres, que están dispuestos a escuchar su palabra.

 

Por eso nos equivocamos cuando preferimos alguna cosa, (el honor..., la riqueza..., la salud), antes que a Jesucristo. Nada vale la pena sin el Señor.

La sabiduría divina está contenida en la Palabra de Dios, recogida en el Evangelio y en las Sagradas Escrituras. San Pablo, en la segunda lectura nos habla de la eficacia de la Palabra, que penetra el alma del hombre como una espada de doble filo.

Necesitamos conocer la palabra del evangelio, porque, como dice la primera lectura, todos los bienes llegarán con ella.

El joven rico

En el Evangelio de la misa de hoy, San Marcos nos habla de aquel joven rico que prefirió los bienes materiales y dio la espalda a Cristo mismo, que le invitó a seguirle:

Jesús miró con amor a este joven que se le acercaba, y lo invitó a seguirlo. Cada uno de nosotros recibimos una llamada particular del Señor, y en la respuesta a esta invitación se contienen toda la paz y la felicidad verdaderas.

 La auténtica sabiduría consiste en decir sí a de las invitaciones que Cristo, nos hace a lo largo de la vida. Jesús está hoy presente entre nosotros. Vive y nos llama.

En la entrega generosa del sí dado al Señor, está la alegría verdadera del hombre, tan opuesta a la tristeza que invadió al joven rico del evangelio.

Todos nosotros recibimos una llamada distinta del Señor para servir al mundo, mediante un modo distinto de imitar al corazón de Dios y a la cruz de Cristo: de una única raíz, pues, provienen distintas llamadas y vocaciones.

La invitación de Jesús al joven, que debía comunicarle una gran alegría, le produjo, por su falta de generosidad, una gran tristeza. Podemos llegar a pensar que poseer bienes materiales, fama y honores, puede hacernos felices; en cambio, vemos en este caso, que las riquezas del joven se convirtieron en un obstáculo para aceptar la invitación de Jesús para seguirlo.

La tristeza nace en el corazón cuando nos alejamos de Cristo, cuando le negamos lo que nos pide, cuando nos falta generosidad. La causa es el egoísmo, la soberbia, el apego a las cosas y la falta de generosidad. Por el contrario, si seguimos al Señor tendremos la verdadera alegría y la verdadera paz en nuestro corazón.

Los apóstoles, y el Señor, vieron con pena como se marchaba el joven. Todos quizás pensaron que podía haber sido uno más de los apóstoles, pero sus riquezas se lo impidieron.

Continúa entonces el evangelio de San Marcos con las palabras de Jesús que dirige confidencialmente a los discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!»

Quién pone su corazón en los bienes de la tierra, con un apego exagerado, queda incapacitado para encontrar al Señor, porque el hombre puede vivir buscando a Dios, o puede vivir buscando simplemente las riquezas.

No es posible buscar a ambas cosas a la vez. Una excluye necesariamente a la otra. Por ello el Señor nos dice: busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura.

Los cristianos corrientes, que viven en medio del mundo, deben saber que los bienes materiales, que son necesarios para la vida, deben estar al servicio de las familias y de la sociedad. Es el amor desordenado a los bienes de la tierra el que impide ir por el camino del Señor.

Los bienes de la tierra no son malos. Se pervierten cuando el hombre los convierte en ídolos y se inclina ante estos ídolos. Se ennoblecen cuando los convertimos en instrumentos para el bien, en una tarea noble y generosa buscando, al estilo de Cristo, el servicio y la justicia.

No podemos buscar los bienes económicos con un apego exagerado, como quien está lanzado detrás de un tesoro. Nuestro tesoro es Cristo, y el debe ser el centro de nuestras vidas.

Las palabras de Jesús: es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico se salve, corresponden a un dicho popular de los rabinos para significar la dificultad de una cosa. Jesús la utiliza por ser ampliamente conocida en el lenguaje popular y para aclarar el grave obstáculo que significa para la salvación, vivir apegado a las riquezas de manera exagerada.

Según la creencia popular judía, la riqueza era uno de los premios que Dios concedía a la justicia. Jesús viene a corregir este error, y a enseñar el grave peligro del apego desmedido a las riquezas.

El significado de las palabras de Jesús no es exagerado; su visión no significa que aquellos que tengan bienes materiales, que hayan conseguido alguna riqueza están imposibilitados para salvarse.

Lo que quiere decirnos es que aquellos que ponen toda su confianza en el dinero y en los bienes materiales, difícilmente se salvarán, ya que esa afición desordenada, ese apego desmedido a lo material, los impulsará a cometer injusticias y les llevará a asumir actitudes equivocadas y tal vez injustas, en una franca oposición con los criterios y principios de la salvación.

Pidamos a María, la Madre de Dios que es también nuestra madre, que nos ayude a tener siempre un corazón pleno de amor y generosidad, un corazón libre ante los bienes materiales; para que sepamos utilizarlos con sabiduría y generosidad, compartiendo con los demás.

Que el Señor nos conceda sabiduría y amor, para que sigamos el consejo de su Hijo: Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás llegará por añadidura. Que nos conceda ser valientes y generosos, ante lo que quiera pedirnos, para que podamos alcanzar la verdadera alegría en nuestras vidas.

 

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