SEÑOR TU ERES EL HIJO DE DIOS

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús con sus discípulos en Cesarea de Filipo. Mientras caminan, Jesús pregunta a los apóstoles: «¿Quién dice la gente que soy yo?», Esto manifiesta que desde hacia tiempo existía, entre los judíos, la inquietud acerca de quién era Jesús.

Jesús conocía bien las opiniones y conversaciones del pueblo; pero el Señor preparaba el terreno para otra cuestión más importante.  La respuesta que dieron los apóstoles fue sencilla: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas.»

 Las respuestas dadas por los apóstoles muestran que en Jesús veían a una persona misteriosa, difícil de definir y de identificar. Pero todos reconocían en Jesús, cuando menos, que era comparable a los hombres más ilustres de la historia de Israel.

 

Ø  ¡Quién dicen que soy yo?

Y después que ellos expresaron las diversas opiniones de la gente, Jesús les hace la pregunta fundamental, directamente a ellos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

“Todos nosotros conocemos ese momento en que no basta hablar de Jesús repitiendo lo que otros han dicho”. No basta recoger una opinión aquí y otras más allá, como sucede en las encuestas o en los sondeos de opinión.

En realidad, aquí se trata ya de una pregunta directa, de un asunto personal, Jesús les pregunta y nos pregunta a nosotros directamente: ¿Quién dicen ustedes que soy yo? Y la respuesta es mucho más que una simple frase, como si fuera una definición; es preciso ofrecer un testimonio acerca de Jesús, sentirse comprometido por ese testimonio que presentemos; y después hay que aceptar generosamente las exigencias de ese compromiso.

Los mejores amigos de Jesús, los apóstoles percibieron un día la pregunta definitiva, que no tiene vuelta de hoja, ante la cual, todas las demás resultan secundarias: «Para ti, ¿quién soy Yo?. Juan Pablo II nos dijo que la vida y todo el futuro dependen de esa respuesta, nítida y sincera; sin retórica ni vueltas, que pueda darse a esa pregunta»

Ø  Pedro contestó categóricamente: «Tú eres el Mesías».

Cuando el Sumo Sacerdote pregunta al Señor, en los momentos previos a su Pasión: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?, Jesús le contesta: «Yo soy, y verás al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Padre, y lo verás venir sobre las nubes del cielo».

En esta respuesta, Jesús no solamente da testimonio de ser el Mesías esperado, sino que aclara la trascendencia divina de su misión. En ese momento y ahora, sólo existe una única respuesta verdadera a la pregunta de Jesús: «Tú eres el Cristo, el Mesías, el Hijo Unigénito de Dios. La Persona de la que dependen todas nuestras vidas, nuestros destinos, y nuestra felicidad».

Ø  ¿Nuestra respuesta cuál es?

Esta segunda pregunta es fundamental. Ya no se trata de saber cosas acerca de él, sino de saber quién es él. Jesús es Camino seguro, Verdad auténtica, Vida verdadera. Es la persona que muestra cómo es Dios: Padre/Madre lleno de ternura, que nos invita a verlo en las personas, en las cosas y en los acontecimientos. Es quien ofrece un nuevo estilo de vida, que supone alegría e ilusión de vivir, libertad, solidaridad, cercanía compasiva hacia todas las personas...

Sabemos muy bien que ante Jesús no podemos contentarnos con una simpatía simplemente humana, ni es suficiente considerarlo sólo como un personaje digno de interés histórico, teológico, espiritual, social o como fuente de inspiración artística. Tenemos que identificarnos con él y con él abrazar la cruz de cada día, y comprometernos en su proyecto de salvación y de vida a favor de nosotros mismos y de la humanidad entera.

Ø  Algunos textos que manifiestan lo que Jesús espera de nosotros:

*      Esto les mando: Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando”. Jn 15, 12-14

*      “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” Jn 15, 16.

*      Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres». Jn 8, 31-32.

*      En Mt 5, las bienaventuranzas, Jesús señala el camino para alcanzar la felicidad… Suena hermoso y hasta romántico, pero en realidad es un programa de vida, que choca con los criterios del mundo. Felices los pobres, los limpios de corazón, los que lloran, los misericordiosos, los pacíficos, los que tienen hambre y sed de justicia, los que padecen persecución…. Porque de ellos es el reino de los cielos.

Ø  Jesucristo nos compromete absolutamente.

Nos pide sacrificios y renuncias.  «El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?  Lc 9, 23-25.

El Papa Benedicto decía acerca de esto: Dios nos invita a considerar que el valor auténtico de la vida no se mide sólo según bienes terrenos e intereses pasajeros, porque no son las realidades materiales las que apagan la sed profunda de sentido y de felicidad que existe en el corazón de toda persona.

Se trata de un lenguaje duro, difícil de aceptar y poner en práctica, pero el testimonio de los santos nos asegura que es posible para todos, si hay confianza y entrega. Su ejemplo alienta a quien se dice cristiano a ser coherente con los principios y la fe que profesa.

No basta con parecer buenos y honrados; hay que serlo de verdad. Y bueno y honrado es aquel que no cubre con su yo la luz de Dios, no se pone delante él mismo, sino que deja que se transparente Dios. (Cf Benedicto XVI, homilía Sep 28 / 2009)

Santiago nos dice que la fe se manifiesta en el servicio a los demás, en las obras. Sin el servicio, los más bellos testimonios se quedan en sentimentalismos y palabras vacías. La salvación es siempre obra y gracia de Dios, pero cuenta también lo que nosotros hacemos. El quiere que correspondamos a su amor, con amor efectivo.

Ø  El camino de Jesús.

El Camino de Jesús es una senda que nos conduce a la libertad: la libertad radical que nos permite participar en la Gran Obra de Arte de Dios de manera libre, espontánea y creativa. Jesús pone el seguimiento al alcance de todos. Nos invita a renunciar a todo lo que nos impide ser libres y felices. La propuesta de Jesús es el camino hacia la verdadera felicidad. Vivir con él y como él supone una vida más auténtica, más libre y más feliz.

Salvar la vida” es ceder a la tentación de instalarse, de seguir el camino fácil. “Perder la vida”, afirmarla en su verdadero sentido: la vida como don, como entrega. Es como si nos dijera: “A quien venga conmigo voy a llevarle a conseguir ganancias por el “extraño” camino de las pérdidas, que es mi camino.  La única condición que pongo es estar dispuesto a confiar en mí y en mi manera de salvar su vida, que sea capaz de confiármela, como yo la confío a Aquél de quien la recibo.

JSN Megazine template designed by JoomlaShine.com