LA NAVIDAD ESTA CERCA

 

Estamos a sólo dos días de la Navidad. El evangelio de este domingo nos habla del encuentro de la Virgen María con su prima Isabel.

María la humilde sierva de Nazaret espera un hijo por obra del Espíritu Santo y, sin embargo, va presurosa a las montañas de Judea para compartir su alegría con Isabel, pero sobre todo para prestarle su ayuda, ya que había sido estéril e iba a tener un hijo, siendo de avanzada edad.

Respecto a esta actitud servicial de María, Jesús diría más tarde que no vino a ser servido sino a servir; y, por tanto, ya sabemos de quien aprendió esa disposición y esa virtud del servicio.

 

Esta visita de María a Isabel es muy valiosa, por la sensibilidad humana de la virgen, por su visión para descubrir la voluntad de Dios y por su gran disposición a servir, a pesar de que era muy joven y ella también iniciaba su embarazo. María tuvo que realizar un largo viaje, desde Nazaret al norte del país hasta Ein Karim al extremo sur, tal vez  200 kilómetros.

“Dichosa tú que has creído que se cumpliría cuanto te fue anunciado de parte del Señor” (Lc. 1, 39-45). Son palabras de Santa Isabel, la prima de la Virgen, cuando María llegó a visitarla y servirle en su difícil embarazo. No son palabras de cajón; con ellas Isabel reconoce y alaba la fe de la Virgen.

Isabel sabía de este tema, ya que su marido, Zacarías, no había creído lo que el Angel le había anunciado sobre la concepción milagrosa de su hijo.

El encuentro de las dos mujeres es muy importante, ya que manifiesta amor y ternura; pero también expresa una profunda espiritualidad, que desemboca en bendición espontanea y sincera, en alegría profunda de las dos protagonistas del acontecimiento. Esa espiritualidad y esa alegría que vivieron María e Isabel se ha proyectado y nos ha enriquecido a los creyentes de todos los tiempos.

Bendecir es hablar bien, ensalzar, alabar, glorificar. Ojalá estemos dispuestos a bendecir con frecuencia, a bien decir (hablar bien) a Dios y de Dios; pero también a las personas y a las creaturas todas; que procuremos siempre hacer el bien, sobre todo en aquellas situaciones donde prevalece el mal. Si miramos con los ojos de Jesús, veremos la bondad de todo lo que recibimos y brotará en nosotros el deseo de alabar, bendecir y hacer el bien.

La fe es siempre motivo de alegría. Uno de sus rasgos más característicos es saber acudir a quien necesita nuestra presencia. Como María, sepamos acompañar a los demás. Es el lenguaje que todo el mundo entiende: la fe traducida en disponibilidad, cercanía, misericordia, servicio y solidaridad.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

 

 

 

 

 

 

 

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