DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES

El Domund es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora económicamente con las misiones. Se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”.  Con los donativos recibidos, se colabora con la labor evangelizadora y la promoción social que hacen los misioneros en distintos lugares del mundo.

 

La Jornada Mundial de las Misiones, que hoy celebramos, nos invita a trabajar por “cambiar el mundo”. El Mensaje del Papa para esta Jornada indica que la misión es propia de corazones jóvenes que contribuyen “al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de la Verdad”.

Estamos, pues, invitados a llevar el Evangelio a los que no conocen a Dios. Si anunciamos la Buena Noticia y contribuimos a formar una sociedad más justa y más fraterna, el mundo cambiará. Pongamos nuestro grano de arena para que esto ocurra y Dios sea conocido en todos los rincones del planeta. Hagámoslo unidos a los misioneros, a quienes tenemos presentes en nuestra celebración.

En el evangelio escuchamos a Jesús quien dice que necesitamos dar la vida para que el mundo cambie.  Jesús nos pone ante un dilema: o estamos con los poderosos que se aprovechan de los demás, o nos ponemos al servicio de todos para que muchos puedan salvarse. Y la única razón que da para actuar así es su propia manera de vivir: el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir.

A los misioneros se les admira por su entrega, por su dedicación a la obra evangelizadora, en lugares tan diferentes a los de origen y en situaciones nada fáciles. Pero tienen clara su misión: colaborar –a través de la Palabra de Dios y el anuncio de Jesucristo Salvador– para que las personas con quienes conviven obtengan un modo de vida de acuerdo con la dignidad que Dios quiere para sus hijos e hijas.

La labor de los misioneros es muy valiosa. Pero si bien ellos realizan la misión, nosotros y la Iglesia tenemos también una tarea: estamos para respaldarlos por diversos medios; en primer lugar con nuestra oración fervorosa y constante, para que el Señor los proteja y los llene de amor y fortaleza.

Pero necesitan también nuestro apoyo económico para poder sobrevivir  y realizar su tarea evangelizadora en zonas apartadas del planeta, en zonas con muchas carencias y en ocasiones también llenas de dificultades y conflictos. Vivamos esta jornada misionera con fervor, con  entusiasmo y generosidad. Sepamos dar desde nuestra pobreza, y Dios nos recompensará.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

 

 

 

 

 

 

 

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