QUE HACER PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA

En el Evangelio de este domingo, San Marcos nos habla de aquel joven rico que se acercó a Jesús y pregunto que tenía que hacer para conseguir la vida eterna.

Jesús miró con amor a este joven que se le acercaba, y lo invitó a dejar los bienes materiales y a seguirlo; pero aquel joven se entristeció y dio la espalda al maestro.

 

Cada uno de nosotros recibimos una llamada particular del Señor, y en la respuesta a esta invitación se pueden generar la paz y la felicidad verdadera en nuestra vida.

 La auténtica sabiduría consiste en decir sí a las invitaciones que Cristo nos hace a lo largo de la vida. No olvidemos que Jesús está presente entre nosotros; vive y nos llama.

En la entrega generosa del sí dado al Señor, está la alegría verdadera del hombre y la mujer, tan opuesta a la tristeza que invadió al joven rico del evangelio por su falta de generosidad.

Todos nosotros recibimos una llamada distinta del Señor para servir a los demás, mediante un camino propio de imitar al corazón de Dios y a la cruz de Cristo. Podemos decir que de una única raíz provienen distintas llamadas y diversas vocaciones.

La invitación de Jesús al joven, debía comunicarle una gran alegría; pero, por su falta de generosidad, le produjo una gran tristeza. Podemos llegar a pensar que tener bienes materiales, fama y honores, puede hacernos sumamente felices; pero en este caso, vemos que las riquezas del joven se convirtieron en un obstáculo para aceptar la invitación a seguir de cerca a Jesús.

La tristeza nace en el corazón cuando nos alejamos de Dios, cuando le negamos lo que nos pide, cuando nos falta generosidad. La causa: el egoísmo, la soberbia, el apego a las cosas y la falta de generosidad. Por el contrario, si seguimos al Señor experimentaremos la verdadera alegría y alcanzaremos la verdadera paz en nuestro corazón.

Los apóstoles, y el Señor, vieron con pena como se marchaba el joven. Todos quizás pensaron que podía haber sido uno más de los apóstoles, pero sus riquezas se lo impidieron.

Continúa el evangelio de San Marcos con las palabras de Jesús que dirige confidencialmente a los discípulos: ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios! Quién pone su corazón en los bienes, con un apego exagerado, se incapacita para encontrar al Señor, porque podemos vivir buscando a Dios, o buscando simplemente riquezas, fama y placeres.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

 

 

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