RECONOCER EL BIEN SIN IMPORTAR DE DONDE VIENE

El reino de Dios, el bien, crece  en aquellos hombres y mujeres de buena voluntad, que hacen crecer en el mundo la fraternidad. Lo importante es que, ante todo, seamos fermento de una humanidad nueva,  impulsores de unidad y fraternidad.

Cuando Juan le dice a Jesús: hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se los prohibimos, Jesús desaprueba esa actitud prohibitiva, porque el que no está contra nosotros, está con nosotros.  

 

Con esa respuesta, Jesús ofrece una nueva visión a sus discípulos y les abre el corazón. Jesús predicó un servicio de apostolado universal, que puede tener matices y variantes. La única condición que pone, dentro de la variedad de modos de llevar el mensaje a los demás, es la unidad en lo esencial, en aquello que pertenece al núcleo fundamental de la comunidad eclesial.

Aunque los discípulos están cerca de Jesús, no le conocen bien.  El texto de Juan demuestra que pronto surgió en el grupo cercano a Jesús  el peligro de autosuficiencia, sectarismo, monopolio de poder, con  tendencia a proclamarse los únicos intérpretes de la enseñanza de Jesús.

Esa forma de actuar, que sigue siendo actual, indica arrogancia, fanatismo, inseguridad, miedo…
Jesús sale al paso ante la actitud de prohibir y de excluir a otros; esta es una actitud contraria a su vida y a su mensaje. Su proyecto es universal. Sin límites. Nadie tiene la exclusiva.

La Iglesia acoge dentro de ella una pluralidad de ministerios, de movimientos y asociaciones de pastoral con sus propias características y carismas.

Cada uno de ellos trabaja en unidad con el Papa, con su obispo y con su párroco en espíritu eclesial, a pesar de las diferencias existentes en los aspectos exteriores, en formas de relación, en los cantos y las diversas formas y caminos de hacer pastoral.

El Señor nos hace comprender que el evangelio, el bien y los diversos valores no son propiedad de unos pocos, ni se les han entregado en exclusividad a nadie. En la Iglesia tienen un papel importante los pastores y los teólogos, pero también es importante lo que el pueblo de Dios genera y celebra.

Se trata de un don dado a todo hijo de Dios, porque todos estamos llamados a trabajar por la salvación y el bien de la humanidad.

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

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