HONRAR A DIOS CON LABIOS Y CORAZON

Los primeros cristianos recordaban a Jesús como un profeta que denunciaba con audacia los peligros y trampas que vivían los Fariseos y en los que todos podemos caer al vivir la religión. Jesús no insistía tanto en la observancia piadosa por encima de todo, sino la búsqueda apasionada de la voluntad de Dios.

 

Jesús cita a Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Luego denuncia en términos claros dónde está la trampa: Dejan a un lado el amor a Dios y a los demás para aferrarse a tradiciones superficiales.

Jesús nos señala claramente la verdadera fuente del amor o de la ignorancia y el pecado. se trata del corazón humano. Vivir como Jesús es tener un corazón generoso que piensa bien,  que ama, que sabe respetar,  sabe ser solidario y austero, alegre, coherente, compasivo... Aunque no lo sepa ni le conozca.

La limpieza del corazón y la santidad es una meta para todos los bautizados. En este tema es clara la visión que nos ofrece la Iglesia: «Todos los bautizados, de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en el amor:  y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la vida social. De hecho, Jesús pidió a todos sus discípulos: «sean perfectos como el Padre celestial es perfecto».

Hoy también podemos caer en la tentación de darle más valor a criterios, costumbres y tradiciones humanas que al precepto con mayúscula de Dios, que es el mandamiento del amor. Pero podemos caer en la autosuficiencia e ignorar a Dios, centrando nuestra vida en el dinero y los bienes, en buscar nuestra satisfacción y hasta en utilizar a los demás, en una actitud de soberbia y egoísmo.

El pueblo judío, con el tiempo, se había cargado de normas, en cuyo origen había estado el cumplimiento de obligaciones para con Dios. Pero en la época de Jesús, muchas de esas normas, eran solo signos exteriores, que perdían de vista lo verdaderamente importante. También hoy, nuestra religiosidad puede desviarse y perder el rumbo, quedarse en aspectos superficiales, dejando de lado lo esencial que es ante todo el cumplir la voluntad de Dios, vivir el dinamismo del amor.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

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