NO SOLO DE PAN VIVE EL SER HUMANO

 Dios conoce nuestras necesidades y se preocupa por todas, pero nos pide trabajar no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura hasta la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre. El Señor no olvida que necesitamos pan para el cuerpo, pues él mismo multiplicó los panes para que comieran todos.

Pero nos invita a que le pidamos otro pan, que nos quiere dar, y que sacia hambres más radicales y profundas: el hambre de la sabiduría que viene de lo alto; el hambre de visión y sentido de la vida; el hambre de amor y de alegría profunda, el hambre de salvación.

 

Jesús sabe hilar esos dos tipos de hambre y esas dos clases de pan. No es un manipulador que usa la capacidad de saciar el hambre corporal para ganarse seguidores. En Jesús las cosas son diferentes; si les ha dado de comer es porque ha sentido compasión de ellos y ha respondido a una necesidad real, dándonos así ejemplo para que busquemos la solución de los problemas más inmediatos, como casa, vestido y sustento.

Tal vez buscamos a Dios cuando tenemos necesidades y problemas, exigiéndole soluciones que nosotros mismos deberíamos buscar, e incluso acusándole cuando las cosas van mal, como hace el pueblo de Israel en el desierto, olvidando que los sacó de Egipto y los libró de las tropas del Faraón y los alimentó con el Maná en su paso por el desierto.

Pero claro, Jesús no exagera y no exige de inicio motivaciones perfectas, profundamente religiosas y espirituales; Jesús nos tiene paciencia. Él es un buen pastor que se ocupa de las necesidades reales de los suyos y, por eso, les da de comer. Pero es también un Maestro, que, una vez atendidas esas necesidades básicas, sabe orientar la mirada e invitar hacia otras necesidades más decisivas, hacia otro tipo de pan que alimenta nuestro espíritu con bienes definitivos e imperecederos.

Así pues, Jesús ni usa las necesidades materiales de los demás en beneficio propio, ni las niega en favor de las más elevadas y definitivas. Como buen pastor y maestro parte de nuestras necesidades elementales para guiarnos pedagógicamente al deseo de las necesidades más serias y profundas.

Se trata de un proceso de purificación de las motivaciones, de los intereses, que nos mueven a buscar a Jesús y a recurrir a Dios. Si en ocasiones, como dice el refrán, recurrimos a Dios sólo cuando aprieta la necesidad, Jesús aprovecha esta situación para recordarnos que existe otra clase de bienes, el alimento perdurable, el pan de vida, que sólo Dios puede darnos, y que nos lo ofrece en Jesucristo.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

 

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