ESTAR CON JESUS Y DESCANSAR CON EL

El Evangelio de este domingo nos dice que los apóstoles regresaron de la misión y se reunieron con Jesús para compartir su experiencia con él. Podemos imitar ese trato de los discípulos con Jesús, esa confianza que tienen para contarle sus cosas. En eso consiste precisamente la oración: en confiar al Señor los acontecimientos y experiencias de nuestra vida.

Podemos hablar de nuestras dificultades y problemas, con la seguridad de que vamos a recibir del Señor consuelo y paz.  La oración, el trato frecuente y sincero con Dios es una necesidad para la vida de los discípulos de Jesucristo; se trata de una condición previa e indispensable para estar en condiciones de asumir los proyectos y responsabilidades.

 

Vemos que Jesús ofrece a los apóstoles una especie de vacaciones, por cierto, bien merecidas. Les dice: Vengan conmigo a un lugar solitario, para descansar un poco. La idea de Jesús tiene plena legitimidad; porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Es importante aprender a descansar y a profundizar. Cuántas veces llegamos al límite de nuestras fuerzas físicas y espirituales.  Cuantas veces, al terminar los trabajos y tareas de todos los días, y después de habernos esforzado en cumplirlas como Dios nos manda, terminamos rendidos. 

La invitación a descansar es, en esos casos, también para nosotros. Dejémonos enseñar por el Señor, buscando esos momentos de soledad en los que él nos hace entender su Palabra y el significado de nuestras experiencias, para proyectarlas en los diferentes ámbitos de nuestra vida.

Descansar no significa no hacer nada o perder tristemente el tiempo viendo durante horas programas de televisión que no dejan ningún provecho. Tampoco se trata de tomar vacaciones de Dios. Descansar es ocuparse de otras actividades útiles para nosotros y nuestro prójimo. Hacer algo de provecho para nuestra casa, nuestra familia o quienes nos rodean.

El Salmo de hoy es uno de los textos favoritos de los cristianos. Es el Salmo del Pastor, el Salmo 22, el cual abunda en detalles sobre el Buen Pastor y nosotros, sus ovejas.

Hemos dicho que la oveja confía plenamente en su pastor. Por eso, aunque pasemos “por cañadas oscuras” -por problemas y dificultades- “nada tememos, porque nuestro Pastor va con nosotros; su vara y su cayado nos dan seguridad. El nos hace reposar en verdes praderas y nos conduce hacia fuentes tranquilas para reponer nuestras fuerzas”.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

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