DIOS ESPERA FRUTOS DE NOSOTROS

El Evangelio presenta la parábola de la higuera estéril.  Un hombre había plantado una higuera en su viña, pero cuando fue a buscar fruto en ella, no lo encontró. El dueño de la viña no exige un fruto que no se pueda dar, espera higos, algo que es lógico y natural en la higuera.

 

Aunque no encontró los frutos esperados, se mostró paciente. Dios está siempre dispuesto a darnos oportunidades, sigue confiando en el ser humano, a quien ha creado para que dé frutos de justicia y de bondad. La esterilidad de la higuera se refiere a la esterilidad de nuestra vida, cuando esta no genera aspectos significativos.

“Hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. ¡Córtala!

No se trata de una amenaza, sino de una advertencia y una invitación a una vida plena y feliz. Dios quiere vernos crecer y dar lo mejor, no quiere que nos estanquemos en la mediocridad, por miedo, por pereza o por simple rutina.

Nos hace falta comprender que el árbol es del Señor, que estamos “ocupando la tierra inútilmente” y que Dios quiere que su árbol, plantado y cuidado por él, dé frutos y los dé en abundancia.

“Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y le echaré abono, a ver si da fruto.

Jesús se compromete con nosotros, cuida nuestro proceso de conversión. Nos enseña que su amor siembra y cultiva pacientemente, confía siempre en nosotros, ya que su amor es incondicional y gratuito; Dios ofrece siempre nuevas oportunidades, pero siempre espera respuestas positivas.

Jesús nos acompaña siempre con cariño, con paciencia y dedicación y nos garantiza el triunfo final, a pesar de las dificultades que se interponen en el camino de la vida. Nos repite y nos demuestra que nuestro Dios es un Dios de amor, un Dios bueno y generoso.

La parábola insiste en la paciencia y la misericordia de Dios. Efectivamente, la Misericordia de Dios es infinita, como todas sus cualidades; no lo dudemos, él está siempre cercano a nosotros para darnos más gracia y oportunidades.

A pesar de nuestra esterilidad, nos dice el Evangelio que, antes de cortar la higuera, espera un año más, “afloja la tierra alrededor y le echa abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré”. Amigos el Señor nos espera, vayamos a él.

El Señor nos invita a liberarnos de todo lo que nos impide madurar como personas y como creyentes. Permitamos que Dios conduzca nuestras vidas; Convirtamos nuestro corazón al amor de Dios y al amor de nuestros hermanos; en realidad es un camino por el que siempre podremos progresar.

 

Juan Navarro Castellanos

+ Obispo de Tuxpan, Ver.

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