TU ERES EL MESIAS DE DIOS

El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús con sus discípulos. Mientras caminan, Jesús les hace una pregunta abierta: “¿Quién dice la gente que soy yo? Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas”.

 

Luego Jesús les hace la pregunta fundamental, directamente a los discípulos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. En aquel momento y ahora sólo existe una única respuesta verdadera a la pregunta de Jesús: “Tú eres el Cristo, el Mesías, el Hijo Unigénito de Dios. La Persona de la que dependen todas nuestras vidas, nuestro destino y nuestra felicidad”.

Ante Jesús no podemos contentarnos con una simpatía simplemente humana, ni es suficiente considerarlo como un personaje digno de interés histórico, teológico, espiritual, social o como fuente de inspiración artística. Jesucristo nos compromete.

Después de la confesión de Pedro: Tú eres el Cristo el Hijo de Dios vivo; Jesús anuncia a sus discípulos la Pasión. Este anuncio de la Pasión les muestra que el Mesías esperado no es un Mesías triunfante. Y les aclara igualmente que la gloria de Cristo pasará por la Cruz.

En el anuncio de la Pasión Cristo habla de sufrir, de ser rechazado y morir para después resucitar.  El sufrimiento, el rechazo y la muerte, también van a ser la condición de todo el que quiera seguirlo. Seguir a Cristo es recorrer el mismo camino que él recorrió, el camino de la cruz, para poder alcanzar luego la gloria de la resurrección.

Cuando llevamos nuestra cruz de cada día con amor a Cristo y a los demás, estamos profesando nuestra fe en Jesús. En efecto, la vida cristiana es una vida de cruz. En el sermón de la Montaña Jesús nos dice: Felices los que lloran porque serán consolados.

En el bautismo nos han marcado con la señal de la Cruz, porque nuestro ser de cristianos está ligado al destino de Cristo, que llegó a la resurrección, pero a través de la Cruz. Por eso no pensemos en saltarnos la cruz y adelantar la Resurrección.

Si nuestra cruz es pesada, el Señor nos dará las gracias necesarias para llevarla y con ella alcanzar nuestra salvación. Dios sabe lo que nos conviene y todo lo orienta para nuestro bien. Alguien ha dicho que Dios escribe rectamente en renglones torcidos.

 

Juan Navarro Castellanos

+ Obispo de Tuxpan, Ver.

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