EL PRECIOSO REGALO DE LA FE

Las Lecturas de este domingo contienen un llamado a la Fe, a una Fe viva, “capaz de mover montañas”, o de mover árboles, como nos refiere el texto evangelio. Sucede que los apóstoles (Lc. 17, 5-10) le piden al Señor que les aumente la Fe. 

Y el Señor les exige tener al menos un poquito de Fe. Si tuvieran fe como un granito de mostaza, serían capaces de mover árboles de un sitio a otro.  Con este lenguaje, el Señor quiere indicarnos la fuerza que puede tener la Fe, cuando es una Fe convencida y sincera.

 

Nos indica, también, que la Fe es a la vez don de Dios y voluntad nuestra.  O como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: la Fe es una gracia de Dios y es también un acto humano (CIC #154). La Fe es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nosotros. 

Para creer necesitamos la gracia y el auxilio del Espíritu Santo.  Pero además, para creer también es indispensable nuestra respuesta a la gracia de Dios. Y esa respuesta consiste en un acto de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad por el que aceptamos creer.

Fe, decía un antiguo catecismo, es creer en lo que no se ve. Creer en Jesús no implica un poder añadido que nos va a resolver los problemas de manera inmediata y que en forma casi mágica va a traer la felicidad a nuestra vida.

Creer en Jesús es, ante todo, establecer una relación con él. Esa relación no nos facilita la vida ni nos evita tomar decisiones complicadas, ni nos libera de nuestras responsabilidades, sino que nos invita a vivir en libertad, a explorar nuevos caminos, a tomar nuestras propias decisiones y a ser responsables por ellas. Creer en Jesús es estar convencidos de que, aunque la realidad sea cruda y difícil, este mundo tiene sentido porque ha sido creado por Dios y es expresión de su amor. 

Aunque no vemos a Jesús, la fe nos dice que él camina con nosotros. La Eucaristía es el signo mayor de su presencia, ya que en ella se hace pan compartido para los hermanos. Dios potencia nuestra fe en cada persona humana, y en los demás. Dios nos hace ser humildes y reconocer nuestras limitaciones, pero al mismo tiempo, nos ayuda a entender que todo lo podemos en aquel que nos conforta.  

Pero la fe, y la ayuda que Dios quiera darnos frente a nuestros problemas, no nos evitará nunca dar ni uno de los pasos que tenemos que dar en la vida. No nos libera del esfuerzo por crear un mundo mejor, más justo y solidario para todos.

 

+ Juan Navarro Castellanos

Obispo de Tuxpan

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