OCTUBRE: MES DEL ROSARIO, LA FAMILIA Y LAS MISIONES

 

 

EL PAPA NOS INVITA A REZAR EL ROSARIO

  

 

 

XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos 

 “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”

 Octubre de 2018 

 

 

 INSTRUMENTUM LABORIS 

 

Lecturas del Domingo 19 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Juan 6, 51-58

Jesús dijo a los judíos:

«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»

 

Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.»

Reflexión

En el libro de los Proverbios que leemos en la primera lectura aparece la invitación que Dios hace a los hombres desde siempre: Venid a comer mi pan y a beber el vino, prefigurando así la Eucaristía en la que Cristo se nos da como alimento.

En el evangelio, el Evangelista San Juan recoge la promesa de la institución de la Eucaristía en la Ultima Cena. Jesús nos dice que su pan es pan de vida, y que quien lo come vivirá eternamente.

Jesús les dice a los judíos que el pan que les dará es su carne. Los judíos entienden perfectamente estas palabras, pero no creen que ellas puedan ser ciertas. Por eso le preguntan cómo un hombre puede dar de comer su carne. Y Jesús insiste en su afirmación, confirmando que lo que dice no tiene un sentido figurado ni es algo simbólico. Jesús está verdaderamente presente, en cuerpo y alma, en la eucaristía.

Jesús, por amor se quedó con nosotros en la tierra, bajo las especies de pan y de vino, para que lo recibamos en la comunión.

El Señor nos insiste con gran fuerza en la necesidad de recibirlo en la Eucaristía, para que crezca en nosotros la vida de la gracia: «Les aseguro que si no comen mi carne y no beben mi sangre, no tendrán Vida en ustedes».

Así como ningún padre se contenta con dar solamente la vida a sus hijos, sino que además los alimenta y les da los medios para que crezcan, así también Jesús nos da en la Comunión el alimento para nuestras almas, nos aumenta la gracia y nos regala la vida eterna. Por eso la Iglesia nos enseña la necesidad de recibir el sacramento de la comunión con frecuencia

Hay una leyenda de un monje que en su simplicidad pidió a la Virgen poder contemplar a Dios en el Cielo, aunque fuera por un instante. María acogió su deseo y fue trasladado al paraíso. Cuando regresó no reconocía a ninguno de los otros monjes del monasterio. Su oración había durado tres siglos.

Así también se explican los dos mil años en que Jesús nos lleva esperando en la Eucaristía. Es la espera de Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos -limitados, egoístas, inconstantes- pero con la capacidad de descubrir su infinito amor, y de entregarnos a Él por enteros.

La decisión de acercarnos a comulgar en cada misa, nos queda a nosotros. Jesús nos está esperando siempre.

Por amor, y para enseñarnos a amar, vino Jesús a la tierra y se quedó en la Eucaristía. San Juan nos lo relata con estas palabras: «Como había amado Jesús a los suyos que vivían en el mundo los amó hasta el fin.»

Jesús se esconde en la Comunión de cada misa para que nos animemos a tratarlo. Para ser alimento nuestro con el fin de que nos hagamos una sola cosa con El. Al decirnos, «sin mí nada pueden hacer», no nos condenó a una difícil búsqueda de su Persona, sin saber dónde encontrarlo. Se quedó entre nosotros en la Eucaristía con una disponibilidad total.

Cuando comemos cualquier alimento, una manzana, por ejemplo, la manzana se hace parte de nuestro cuerpo. Cuando recibimos a Jesús en cada comunión, somos nosotros los que nos asemejamos más a Dios, nos hacemos parte del Señor y participamos de su vida divina.

Jesús nos dice: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él». El efecto más importante de la Sagrada Eucaristía es la unión íntima con Jesús. El mismo nombre de Comunión indica esta participación que nos une a la vida del Señor.

Si en todos los sacramentos se consolida, por medio de la gracia que recibimos, nuestra unión con Jesús, esta unión es mayor en el Sacramento de la Eucaristía puesto que no solo recibimos la gracia, sino que recibimos al mismo Autor de la gracia.

La Sagrada Eucaristía es el sacramento. El Bautismo existe para la Eucaristía y los otros sacramentos son enriquecidos por su existencia. Todo el ser se alimenta de ella.

Precisamente, es comida, lo que explica por qué es el único sacramento previsto para recibirse cada día. Este sacramento da significado a una de las peticiones del Padrenuestro: danos el pan de cada día.

Jesús hizo la promesa de la institución de la Eucaristía al principio de su vida pública: después de realizar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Al día siguiente, en la sinagoga de Cafarnaúm, pronunció el discurso del Pan de Vida que leemos en la misa de hoy: «Yo soy el pan de vida. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que me coma, vivirá por mí».

En el Evangelio no se menciona que Jesús volviese a hablar del tema hasta la Ultima Cena en que, según nos relata San Mateo, Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y dándoselo a los discípulos dijo: tomen y coman, esto es mi cuerpo. Jesús, al dejarnos la Eucaristía nos ha conseguido una unión con El mayor que la tuvieron los apóstoles durante los tres años que convivieron.

Los apóstoles creyeron en la presencia real de Jesús en la Eucaristía y la riqueza de este misterio. San Pablo, en la primera carta a los Corintios dice: «Quién come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor».

También nosotros creemos en que es Jesús el que está en la Hostia que el sacerdote consagra en cada misa. Que ese pan es el alimento de nuestra alma, que nos llena de gracias.

Lecturas del Lunes 20 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 19, 16-22

Se le acercó un hombre y le preguntó: «Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?»

Jesús le dijo: «¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos.»

«¿Cuáles?», preguntó el hombre. Jesús le respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»

El joven dijo: «Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?» «Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.»

Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.

Reflexión

En el Evangelio, el Señor habla en forma personal a cada uno de los que escuchan la Palabra de Dios. Por eso la palabra adquiere trascendencia, cuando cada uno de nosotros la aplicamos a nuestras propias vidas y condiciones.

Las reflexiones que solemos escuchar sobre este pasaje del evangelio del joven rico están referidas generalmente a quienes tienen vocación a la vida consagrada. Podría creerse que solo está dirigido a aquellos privilegiados a quienes el Señor llama para vivir su cristianismo desde un estado sacerdotal o religioso. ... El joven contesta a Jesús que ya cumplía los mandamientos, y cuando el Señor le pide algo más, no tiene el suficiente coraje y la suficiente generosidad para dejar todos sus bienes y seguir al Señor.

Pero si meditamos un poco más los hechos del pasaje, todos podemos descubrir en qué medida nos resultan aplicables.

Es frecuente que los cristianos pensemos que un poco mejor o un poco peor, ya estamos cumpliendo la ley del Señor. Y seguramente que en muchos casos esa sea la realidad.

Pero también es cierto que si escarbamos un poco más dentro nuestro, vamos a descubrir las veces que el Señor nos ha pedido a nosotros, como le pidió al joven rico del evangelio, ... algo más...

Quizás se trate de encarar una tarea de evangelización o de catequesis. O de hacernos cargo de un trabajo de ayuda a nuestro prójimo, en el hospital, en una escuela, o en nuestro barrio. O de comprometernos a ir una vez por semana a enseñar algo a alguien o a cuidarlo.

A lo mejor el Señor nos está pidiendo que recemos un poco más todos los días, o que asistamos a una novena, o a misa con mayor frecuencia.

Y con seguridad que para cumplir con ese pedido del Señor, que nos puede venir a través de un amigo o de un necesitado, o de la forma menos pensada, ... seguramente va a ser necesario que dejemos alguna otra cosa. Tal vez sea ese rato de esparcimiento del que gozamos todos los días mirando un programa de televisión. O tal vez sea a costa de acortar el tiempo que pasamos hablando amablemente con nuestros amigos. O el tiempo que dedicamos a una actividad o un deporte que nos gusta. O a costa de perder unos minutos de sueño.

O a lo mejor, decir sí al pedido del Señor nos requiere privarnos de un bien material, o de un gasto, para hacer una donación o un regalo junto con nuestra ayuda.

Por supuesto que responder afirmativamente al llamado del Señor nos va a costar. Necesitaremos ser generosos y desprendidos. Necesitaremos ser decididos cuando decimos sí, y constantes y tenaces para cumplir con nuestro compromiso para no quedarnos a mitad de camino y dejarlo sin terminar.

A cambio de nuestro renunciamiento, el Señor nos promete el ciento por uno. Todas las acciones buenas que hagamos, por amor a Dios van a ser recompensadas. Y esa recompensa no solo vendrá en nuestra vida futura, sino que muy rápidamente, nos traerá la paz y la alegría.

El Evangelio nos dice que el joven rico se marchó triste. Por falta de valentía y de generosidad dejó pasar la oportunidad de alcanzar la felicidad. De vivir alegre.

Vamos a pedir hoy a María, a ella a quien todas las generaciones llamaron feliz por su entrega al Señor, que nos dé las fuerzas y la generosidad de corazón para responderle fielmente al llamado que Jesús nos hace a cada uno.

Lecturas del Martes 21 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 19, 23-30

Jesús dijo entonces a sus discípulos: «Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.»

Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.»

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?»

Jesús les respondió: «Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.»

Reflexión

En este día la palabra de Dios no habla del rico que pone su confianza en las riquezas, y entonces no comparte.

La fe germina con mayor facilidad en el desprendimiento que en las preocupaciones por las cosas

Quien pone el corazón en los bienes de la tierra, se incapacita para encontrar a Dios. Porque quien tiene el corazón repleto de bienes materiales, no puede amar a Dios.

Los bienes de la tierra no son malos, siempre y cuando no los convirtamos en ídolos. Porque entonces nos postraremos ante esos bienes.

Muy por el contrario los medios materiales pueden ser los medios que nos permitan ser instrumentos para el bien, para la justicia.

En la época de Jesús, la riqueza se consideraba como un premio de Dios, y Cristo a esto responde con una expresión popular: Es más fácil para el camello pasar por el ojo de una aguja, que para el rico entrar en el Reino de los cielos

El Señor no está diciendo que los ricos no pueden salvarse, está diciendo que quien tiene una afición desordenada a las cosas materiales difícilmente se salvará. Pero no porque el Señor no quiera, sino porque probablemente esa afición desordenada puede impulsarlos a cometer injusticias.

Pero los discípulos que no tenían riquezas y habían dejado todo por seguir a Jesús, le preguntan, cuál va a ser su lugar.

Y el Señor les promete el lugar de honor, pero se los promete por seguirlo.

El dejar todo es sólo una condición para seguir a Jesús, pero lo realmente importante, lo que nos puede permitir acceder a la perfección es realmente seguirlo a Cristo.

Esta mentalidad de Pedro, la espera de la recompensa, está muy extendida entre nosotros, los cristianos.

Muchas veces dejamos muchas cosas para seguir a Cristo, a veces muchísimas cosas, y sin embargo, después nos enredamos y empobrecemos con pequeñeces, con críticas, con envidias, con aspiraciones y puestos de honor.

Y entonces, lo dejamos todo, pero no somos realmente sus seguidores.

Vamos a pedirle hoy a María, nuestra Madre que nos enseñe a ser desprendidos de las cosas del mundo a ejemplo suyo para que así nos sea más fácil alcanzar el reino.

Lecturas del Miércoles 22 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 20, 1-16

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo. Y ellos fueron.

Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?. Ellos les respondieron: Nadie nos ha contratado. Entonces les dijo: Vayan también ustedes a mi viña.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros.

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada.

El propietario respondió a uno de ellos: Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.»

Reflexión

Nos puede sorprender esta parábola. Parece injusto que se dé lo mismo a todos, sin tomar en cuenta sus obras y sus sacrificios.

Bien es cierto que Jesús quiso sacarnos la idea que tengamos méritos que Dios debe premiar.

Pero también conviene mirar con más atención las enseñanzas de la parábola, pues Jesús establece una comparación, no entre varios trabajadores, sino entre diversos grupos de trabajadores. Cada grupo puede representar un pueblo, un país, o un continente y, mientras unos recibieron la Palabra de Dios hace muchos siglos, otros recién llegan a la fe.

A lo largo de la historia, Dios llama a los diversos pueblos a que vengan a trabajar a su viña.

Para empezar llamó a Abraham y le encargó, a él y a sus descendientes, su obra en el mundo.

Más tarde, en tiempo de Moisés, mucha gente se juntó a su grupo para salir de Egipto, y lo mismo sucedió en los siglos siguientes.

Los antiguos reivindican constantemente su derecho a ser tratados mejor que los demás, pero la viña no les ha sido encargada en forma exclusiva.

Después, con la venida de Cristo, el Evangelio fue llevado a otros pueblos, hasta entonces paganos. Entraron en la Iglesia y formaron la cristiandad. También ellos pensaron que el Reino de Dios y la Iglesia eran cosa suya.

Hasta nuestros días no han faltado las familias que se extrañan cuando la Iglesia critica sus privilegios y ya no les concede los primeros asientos en el templo. Dicen que la Iglesia los traiciona, porque siempre han pensado que la Iglesia era de su propiedad.

En la parábola todos somos puestos en un pie de igualdad y recibimos el mismo denario, la moneda de plata del sueldo diario. ¡Debemos alegrarnos por haber sido llamados a trabajar cuando estábamos desocupados!

Vamos a pedir hoy a Jesús que nunca nos sintamos con privilegios dentro de la Iglesia por hacer alguna tarea especial, o por haber estado sirviéndola desde más tiempo, porque el Señor acoge en su viña a todos, y recompensa de la misma forma a los recién llegados.

Lecturas del Jueves 23 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 22, 1-14

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren.

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.»

Reflexión

La palabra de Dios hoy, nos presenta a Dios, con la mesa preparada para el banquete.....y sin invitados. ¿Cuál es la alternativa?

¿Apagar las luces y suspender la boda?

No, Dios elige otros invitados,... Nadie puede quedar excluido de la fiesta,...

Esta parábola del Banquete de Bodas, se sitúa en Jerusalén, algunas semanas antes de la muerte de Jesús.

Jesús anuncia, cada vez más claramente, el rechazo que su pueblo, el pueblo elegido, hará del Mesías de Dios.

Dios sueña en una fiesta universal para la humanidad,... una verdadera fiesta de boda,... banquete, música, trajes, cantos, alegría, comunión.

Dios casa a su Hijo,... conforme al querer del Padre. La desposada es la humanidad. Y el Padre es feliz de ese amor de su Hijo.

Y Dios invita a la boda, Dios llama, Dios propone.

Esta es una de las mejores imágenes del destino del hombre.

El hombre de hoy, no sabe adónde va,... cuál es el sentido de su vida.

Y Jesús nos responde a todos: están hechos para la unión con Dios, por mi intermedio.

Dios nos ama, y cada uno de nosotros está llamado a responder a ese amor de Dios.

Todos los amores verdaderos de la tierra, son el anuncio, la imagen, la preparación y el signo de ese amor pleno de Dios por cada uno de nosotros.

Jesús en la parábola nos dice, que los invitados, algunos, no hicieron caso de los servidores y siguieron con sus tareas, y otros hasta maltrataron a los servidores.

Así hacemos también nosotros. Muchas veces, Jesús nos invita, y nosotros no respondemos. Preferimos seguir en lo nuestro, en vez de ir a su fiesta. Dios nos invita a su mesa en cada misa, y muchas veces no acudimos.

Y otras veces, acudimos sin el traje de boda. Acudimos a recibir al Señor en la Eucaristía, sin la debida preparación, sin estar en gracia de Dios.

Y para nosotros es la advertencia de Jesús. El rey echó al invitado que acudió sin el traje de boda, a las tinieblas. Es lo mismo que hará Dios con nosotros, si acudimos a recibir indignamente a su Hijo.

Por eso hoy vamos a pedirle a María, que no rechacemos el banquete de bodas de Dios, que acudamos frecuentemente a recibir a Jesús en la Eucaristía, con la misma pureza con que ella lo recibió en su seno.

Lecturas del Viernes 24 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Juan 1, 45-51

Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret.»

Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?»

«Ven y verás», le dijo Felipe.

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez.»

«¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael.

Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.»

Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»

Jesús continuó: «Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees. Verás cosas más grandes todavía.»

Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Reflexión

No basta encontrar a Cristo y seguirlo. Cuando lo encontramos realmente, es preciso convertirse en discípulo, en apóstol, dando a conocer a Jesús, presentándolo ante los demás.

A veces, lo presentaremos simplemente con nuestra vida, y otras veces, lo haremos con palabras.

Es lo que pasó con Felipe en el Evangelio de hoy. Felipe encontró a Jesús y va en busca de Natanael a decírselo. Felipe siente necesidad de invitar a otros a seguir a Jesús, como ellos lo hicieron. La mejor prueba de la gratitud nuestra por el llamado que hemos recibido es procurar que muchos vayan por ese mismo camino.

Por eso en nuestras vidas, cuando nos encontramos realmente con Jesús, tenemos necesidad de que nuestros amigos, nuestros seres queridos, la gente que nos rodea, también lo conozca y lo siga.

Dios se vale de distintos medios para llamar a cada uno. A unos los llama directamente, a otros los llama a través de terceras personas, como en el caso de Natanael.

Y nos muestra el evangelio, que en un primer momento, Natanael no responde gustoso al llamado de Felipe, sin embargo, Felipe insiste. Ven y verás, le pide a su amigo.

Así es como muchas veces tendremos que hacer nosotros. Tendremos que a veces hacer una suave presión para llevar a la gente a Cristo, cuando en principio se muestra remolona. Vale la pena lo que se ofrece, y no podemos desalentarnos ante la primera negativa.

Y cuando Natanael conoció a Cristo, el Señor lo conquistó inmediatamente El Señor le dice: He aquí un verdadero israelita de corazón sencillo, en quien no hay engaño.

Hermoso elogio para Natanael, un hombre fiel a Dios y a su ley.

Jesús antes de saludarlo, ya lo conoce, y cuando Natanael le pregunta de dónde lo conoce, Jesús le descubre el fondo de su corazón. Y Natanael, en una hermosa confesión de fe lo reconoce como Hijo de Dios y rey de Israel.

Jesús habla con un judío de corazón sencillo, buen conocedor de la Biblia, que había profundizado en los profetas de Israel y esperaba al Salvador. Y entonces, no tiene dificultad en reconocer en Jesús al Salvador.

Nosotros muchas veces no reconocemos a Jesús, porque no conocemos las Sagradas Escrituras, que nos hablan de él.

Vamos a pedirle hoy al Señor, que nos ayude a conocerlo, a través de las Escrituras y también entrando en contacto con él. Y pidámosle también, ser verdaderos apóstoles, dándolo a conocer también a los demás. Que nosotros también como Felipe, digamos a los que nos rodean: Ven y Verás a Cristo.

Lecturas del Sábado 25 de Agosto de 2018

(1ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 23, 1-12

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar mi maestro por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar maestro, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen padre, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco doctores, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»

Reflexión

Este capítulo es un fuerte ataque de Jesús a los maestros de la ley y a los fariseos.

San Mateo recogió en este capítulo distintas recriminaciones de Jesús a los dirigentes espirituales de Israel.

Los maestros de la Ley, escribas, eran especialistas en la Ley de Moisés, que interpretaban y aplicaban en las sentencias de los tribunales y a la conducta de los judíos.

Los fariseos pretendían vivir según las normas más estrictas de la ley, se creían los «justos», separados de los demás.

Muchos de los maestros de la ley eran también fariseos.

Jesús aconseja al pueblo que cumplan lo que ellos les aconsejan, pero que no los imiten. El Señor nos indica a nosotros claramente que vivamos conforme a lo que predicamos. El error que se señala aquí para los fariseos es que había mucha distancia entre «lo que decían» y «lo que hacían».

Y puede ser que en nosotros hoy, esté pasando lo mismo.

Los fariseos sabían echar cargas pesadas a las espaldas del pueblo, pero ellos encontraban siempre excusas para no cumplir las normas que daban a los otros.

Otra crítica que el Señor les hace es que obraban para ser vistos y gustaban de ocupar los primeros puestos. Les gustaba que les llamaran «maestros» y «padres» y que los tuvieran por guías espirituales.

Esta gente actuaba, no para Dios, sino «para ser vistos», buscaban recibir honores y destacar entre los demás.

Jesús condena además, que se asignen títulos y que se pretenda ser guardianes de la fe separando los que «saben» de los que «no saben» y por tanto pretendiendo ser quienes «enseñen» a los demás.

Podríamos hoy pensar cómo somos nosotros, ya que tal vez tenemos alguna o todas las actitudes que el Señor condena en los fariseos y maestros de la Ley.

Conviene que tengamos presentes que encontrar a Dios, no es un privilegio de quienes más saben. Una persona que toda la vida se ha desvelado por los demás y que ha rezado sencillamente sus oraciones, sabe, y tiene mejor conocimiento de Dios, que muchos doctores en teología.

En este evangelio, Jesús al mismo tiempo que azota a los dirigentes de Israel, se dirige también a sus discípulos y a nosotros y nos traza un camino muy distinto del de los fariseos.

En la comunidad cristiana debe haber un gran sentido de igualdad y fraternidad, porque somos todos hijos de un mismo Padre y es Cristo el único jefe.

Además establece una sólida norma de vida comunitaria ya que nos dice que la verdadera grandeza, la mayor dignidad, es el servicio a los hermanos.

El esfuerzo por elevarnos ante los hombres, nos rebaja ante Dios. Por eso en la Iglesia, la autoridad es «servicio humilde»

Vamos a pedirle hoy al Señor, ser capaces de desterrar de nosotros, todas esas actitudes que nos señala como negativas en los fariseos, para que podamos ser mejores discípulos suyos.

 

 

 

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HOMILÍAS

  • LA FAMILIA Y EL MATRIMONIO

    LA FAMILIA Y EL MATRIMONIO

    Los textos que nos ofrece la liturgia eucarística de este domingo son una valiosa catequesis sobre la familia y el amor. La primera lectura y el evangelio están perfectamente sintonizados, ya que tratan el mismo tema, aunque desde puntos de vista diferentes; pero también porque Jesús se refiere, de manera expresa, a las afirmaciones del primer libro de la Biblia sobre el divorcio, que no entraba en el proyecto original de Dios sobre la unión del hombre y la mujer.

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  • SEÑOR TU ERES EL HIJO DE DIOS

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    El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús con sus discípulos en Cesarea de Filipo. Mientras caminan, Jesús pregunta a los apóstoles: «¿Quién dice la gente que soy yo?», Esto manifiesta que desde hacia tiempo existía, entre los judíos, la inquietud acerca de quién era Jesús.

    Jesús conocía bien las opiniones y conversaciones del pueblo; pero el Señor preparaba el terreno para otra cuestión más importante.  La respuesta que dieron los apóstoles fue sencilla: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas.»

     Las respuestas dadas por los apóstoles muestran que en Jesús veían a una persona misteriosa, difícil de definir y de identificar. Pero todos reconocían en Jesús, cuando menos, que era comparable a los hombres más ilustres de la historia de Israel.

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  • SERVIDORES COMO JESUS

    SERVIDORES COMO JESUS

    La enseñanza que Jesús nos propone este domingo es de gran trascendencia, ya que nos da la clave para que nos ubicarnos como discípulos de Jesucristo, llamados a vivir el dinamismo del amor, y como ciudadanos llamados a construir una sociedad más justa y solidaria: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos”.

     En la visión de Jesús, en su proyecto de salvación, no hay que mirar tanto a los que ocupan primeros puestos y tienen renombre, títulos y honores. Para Jesús es fundamental que nos dediquemos a servir, sin ambición y con total libertad, que aprendamos a colaborar e impulsar el bien. Lo importante no es quedar bien, sino hacer el bien, al estilo de Jesús.

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  • LA CURACION DEL SORDOMUDO

    LA CURACION DEL SORDOMUDO

    El texto del evangelio que acabamos de escuchar se refiere a uno de los tres milagros narrados por San Marcos. Se trata de la curación de un sordomudo, que aparece llena de signos, gestos y palabras de gran riqueza simbólica. En realidad, Jesús acompaña siempre su predicación con acciones que traen salvación y anuncian la llegada del Reino de Dios. Este es el sentido de tantos milagros que aparecen en el evangelio y que expresan el amor de Dios a los pobres y a los que sufren.

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RELEVANTES

  • TRADUCCIONES DE LA BIBLIA

     

    El Nuncio Apostólico en Estados Unidos, Mons. Christophe Pierre, recuerda que “desde tiempos ancestrales, ha existido en nuestra tradición católica una gran preocupación por saber enseñar, orar y divulgar las Sagradas Escrituras al fiel pueblo de Dios”.

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  • LECTURAS DEL 19-25 DE AGOSTO

    Lecturas del Domingo 19 de Agosto de 2018

    (1ª Semana. Tiempo Ordinario)

    + Juan 6, 51-58

    Jesús dijo a los judíos:

    «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»

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  • ORACION POR LA PAZ

    Señor Jesús, ten piedad de nosotros y concédenos la paz y la unidad, no permitas que nos soltemos de tus manos y danos un corazón capaz de amar como tu nos amas. María Madre auxílianos en estas difíciles horas de la tribulación, se nuestra fuerza y consuelo. Cúbrenos con tu manto y que la sangre de tu bendito Hijo nos proteja de todo mal, Ten piedad Señor de nosotros, los que a ti nos encomendamos, te lo rogamos por tus méritos y los de tu amorosa Madre. Ten piedad y se nuestra Roca y Baluarte.

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  • DEI VERBUM

     

    CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA
    DEI VERBUM  
    SOBRE LA DIVINA REVELACIÓN

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