JULIO: MES DEL SEMINARIO Y DE LAS VOCACIONES

El Seminario es la casa donde se forman los futuros Sacerdotes, es una comunidad formativa más que un edificio, donde los jóvenes con inquietud vocacional pueden discernir en libertad si el Señor los llama a un servicio más profundo como pastores de su Iglesia.

 

Les daré pastores según mi corazón (Jer 3,15) Con estas palabras Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen.

 

  

 El ministerio del sacerdote está ordenado esencialmente a lo sagrado. La proclamación de la Palabra de Dios y el ministerio de los sacramentos para la gente ordena su vida alrededor de la acción salvífica de Dios en Cristo. Como afirma el documento: "La relación del sacerdote con Jesucristo, y en él con su Iglesia, se encuentra en la naturaleza misma del sacerdote gracias a su unción sacramental y a través de su actividad, es decir, en su misión o ministerio. En particular, "el sacerdote ministro es el siervo de Cristo presente en la Iglesia como misterio, comunión y misión. Gracias a su participación en la ‘unción’ y la ‘misión’ de Cristo, el sacerdote puede continuar la oración, la palabra, el sacrificio y la acción salvífica de Cristo en la Iglesia"" (PDV n° 15).

 

 

 

Dios llama a través de diversas circunstancias y medios y a cada quien lo llama para una misión específica, debemos estar atentos a su llamada para responder desde un estilo de vida particular en donde podremos alcanzar la santidad.

 

 

 

 

El Señor nos llama a una vocación concreta,es necesario que las familias  orienten y acompañen a los adolescentes y jóvenes para que puedan descubrir el sentido de su vida y el proyecto que el Señor tiene para ellos.

 

 

  LIBROS Y DOCUMENTOS DIOCESANOS

 

   

 

 INSTRUMENTUM LABORIS 

DOCUMENTO FINAL SINODO 2018

GAUDETE ET EXSULTATE

CHRISTUS VIVIT

 

 

 

 

 MENSAJE DE LOS OBISPOS DE MÉXICO POR EL DIA MUNDIAL DEL AMBIENTE

La Iglesia Católica ha trabajado por la conservación del planeta, sin embargo, hemos de reconocer que aún nos hace falta afianzar la visión de una ecología integral que permita reconocernos como cuidadores y benefactores de la “casa común” (Cfr. Laudato Si, 1 y 11) que nuestro Creador nos ha encomendado y de la que nos pedirá cuentas



Lecturas del Domingo 14 de Julio de 2019

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Lucas 10, 25-37

 Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?»

 Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

 Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo.»

 

 «Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida.»

 Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?»

 Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: «Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver.»

 ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?»

 «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor.

 Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera.»

Reflexión

Tanto en la lectura del Antiguo Testamento que se lee en la misa de este domingo, como en el Evangelio de San Lucas, Dios nos revela cual debe ser para nosotros la razón de nuestra existencia. Para que creo Dios al hombre. Para que fuimos puestos en la tierra: Para amar a Dios sobre todas las cosas.

La pregunta que hace el Maestro de la Ley a Jesús es vital. No le pregunta por algo que solo es bueno o conveniente. Le pregunta ¿qué es lo que debemos hacer para conseguir la vida eterna?.

Porque amar a Dios no es simplemente algo muy importante para el hombre.

¡Es lo único que importa!.

Aquello para lo que fue creado.

Aquello en lo que alcanza su felicidad y plenitud.

Al reflexionar sobre la forma de amar a Dios, Santo Tomás dice que el principio del amor es doble, ya que se puede amar a Dios tanto con el sentimiento como por lo que nos dice la razón. Nosotros tenemos que amar a Dios con el mismo afecto con que queremos a nuestros padres o a nuestros hijos, con el único corazón que tenemos. Así amó también Jesús al Padre.

Pero a veces pasa que estamos fríos y sin ganas. Que al momento de rezar, o de participar de la misa, no sentimos nada. No podemos entonces conformarnos con seguir al Señor de mala gana, ni mucho menos, de abandonarlo. Tenemos que amar a Dios con una voluntad firme y pedir en forma insistente su ayuda para que se vuelva a encender en nosotros nuestro corazón.

Cuando el maestro de la Ley responde a Jesús sobre cuál es el primer mandamiento de la ley, el Señor le dice que ha respondido bien, que haga eso, y vivirá.

Es como si le dijera: conoces bien lo que debes hacer para salvarte: pero no te basta este conocimiento teórico para llegar a la salvación, sino que es necesario que viva lo que conoce.

Podemos hoy preguntarnos ¿qué querrá decir: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente.

Ama a Dios con todo el corazón el que no reserva nada para sí, sino que todo lo entrega a Dios, al amor de Dios, aunque para ello deba sacrificar sus propios gustos e intereses.

Ama a Dios con toda su alma el que en todos los actos de su vida tiene el amor de dios como causa y explicación, que todo lo hace con amor y por amor.

Ama a Dios con todas sus fuerzas el que solo busca agradar a Dios, evitando por el contrario todo lo que lo aparte de sus caminos.

El amor de Dios exige suprimir toda idolatría. Los antiguos paganos tenían muchos ídolos a los que adoraban de distintas formas. Pero hoy también nosotros levantamos ídolos modernos, mejor construidos y más refinados, a los que los adoramos de una forma más sutil y encubierta. Nos rendimos ante todo el progreso que nos proporciona más bienestar material, más placer, más comodidad, dejando de lado la parte espiritual del hombre.

San Pablo, en su carta a los Filipenses les dice: «su Dios es el vientre, y su gloria la propia vergüenza, porque ponen el corazón en las cosas terrenas». Y estas palabras parece que no han perdido vigencia. Es la idolatría moderna, que se olvida de la fe y del amor a Dios.-

 El maestro de la Ley esperaba que le asignaran los límites exactos de su deber. Por eso pregunta: ¿Quién es mi prójimo? ¿A quién tenía que atender? ¿A los de su familia?, ¿a los hermanos de raza?, ¿a otros, tal vez?

 Es significativo que Jesús concluye su relato con otra pregunta diferente de la primera: ¿Cuál de estos tres fue el prójimo? Es como si dijera: No calcules para saber quién es tu prójimo, sino déjate llevar por el llamado que sientes en ti y hazte prójimo, próximo a tu hermano que te necesita. Mientras consideremos la Ley del amor como una obligación, no será ese el amor que Dios quiere.

 El amor no consiste solamente en conmoverse ante la miseria del otro. Es de destacar cómo el samaritano se detuvo a pesar de lo peligroso que era aquel lugar, pagó y se comprometió a costear todo lo que fuera necesario. Más que «hacer una caridad», se arriesgó sin reserva ni cálculo, y esto con un desconocido.

Pidamos a María que guiados por su hijo Jesús, recorramos nuestra vida amando a Dios sobre todas las cosas, y a nuestro prójimo, como a nosotros mismos.

Lecturas del Lunes 15 de Julio de 2019

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 10, 34-11, 1

Jesús dijo a sus apóstoles:

«No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.»

Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

Reflexión

La paz que Jesús nos trae, no es fruto de una guerra victoriosa, es el fruto de una decisión inquebrantable de seguirlo.

Esa paz que da el Espíritu Santo, pero que trae consigo, lucha, enfrentamientos familiares... es cargar con Cristo la Cruz. Si optamos por Jesús, si lo elegimos como a único Señor,... nos enfrentaremos con el mundo.

Si queremos ser cristianos comprometidos y adultos, consecuentes con el reino y sus consecuencias, debemos dejar muchas cosas, y romper con muchas conveniencias personales y sociales, saltar por encima de muchos compromisos familiares y de amigos.

Dice un escritor moderno que ¨Optar por el reino, es separarse de papá y mamá y de los hermanitos¨, es adquirir conciencia de persona adulta.

Si queremos seguir el llamado de Cristo, debemos estar dispuestos a dejarlo todo y seguirlo con la cruz.

Entonces, probablemente se desgarrarán nuestras fibras más íntimas, pero tendremos aquella paz inefable que da el Espíritu.

El Padre Alfonso Milagros relata que: Que una persona estaba harta de llevar su cruz y queriendo olvidar su cruz, fue avanzando hacia las cumbres, pensando que una vez arriba, respiraría fuerte y desaparecería, es su horizonte el fantasma de la cruz y viviría feliz.

En el fatigoso ascenso, estuvo muchas veces tentado de retroceder, pero el pensamiento de vivir en las cimas, en paz y sin cruz, lo mantuvo.

Y por fin llegó a la cima, y hete aquí que lo primero que encontraron sus ojos fue UNA CRUZ, sí, una cruz.

Entonces el hombre le dijo al Señor:

Haz jugado conmigo Señor, ahora ¿qué haré? ¿qué me queda por hacer?...

Pero pensándolo un poco le dijo:

Ya sé Señor, ... no rehuiré más tu cruz, porque Tú la has plantado en el cruce de mi vida, y sólo en ella encontraré la paz que tan desesperadamente busco.

Tú me enseñaste Señor, que sin cruz no se puede vivir; pero Tú también me dijiste que solamente quien además de llevar la cruz, SABE, sobre todo llevar la cruz, es verdaderamente feliz.

Entonces Señor, ya que no puedo evitar la cruz, enséñame a saber llevarla.

Pidamos hoy a María, a ella que supo aceptar la voluntad de Dios, y llevar erguida su cruz asociándose así, a la obra redentora de su Hijo, que nos enseñe a llevar la cruz de nuestra vida.

Queremos nosotros también asociar nuestra cruz a la de Cristo, para así colaborar con Él en la redención del mundo.

Lecturas del Martes 16 de Julio de 2018

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 11, 20-24

Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.

«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.

Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú.»

Reflexión

En este pasaje del Evangelio, el Señor habla de seis ciudades. Por un lado, Corozain, Betsaida y Cafarnaun, tres ciudades de Palestina en las que Jesús predicó con frecuencia e hizo muchos milagros. Por otro lado, tres ciudades que no eran consideradas del pueblo de Dios. Tiro y Sidón eran las capitales de Fenicia. Y Sodoma, que junto con Gomorra eran célebres por sus vicios y constituían los ejemplos clásicos entre los judíos para mostrar el castigo de Dios.

Quienes oían a Jesús conocían esta situación muy bien. Distinguían perfectamente a las tres ciudades buenas, en las que Jesús había dejado sus enseñanzas, de las tres ciudades paganas.

Sin embargo, el Señor reprocha duramente a las tres ciudades buenas, y les dice que serán tratadas con mayor rigor que las ciudades paganas, porque no se habían convertido. Jesús les echó en cara a los habitantes de esas ciudades que no se hubieran arrepentido y no hubieran hecho penitencia por sus pecados después de haber presenciado sus milagros. La prédica del Señor había sido en vano porque en esas ciudades, sus habitantes no habían acogido el Reino de Dios.

La causa de la recriminación de Jesús se debe a que en esas ciudades en que El había predicado, e incluso había realizado muchos milagros, sus habitantes no mostraron arrepentimiento y conversión. En ellas había resonado la palabra de Dios sin dejar frutos.

Hoy, nosotros nos encontramos en las mismas circunstancias que las ciudades buenas de Palestina. Hemos recibido la fe y la gracia del Señor. Vivimos en un país católico. Vivimos en una ciudad o en un pueblo que tiene una parroquia y varias iglesias y capillas. Podemos recibir la palabra de Dios y los sacramentos de parte de los sacerdotes y las religiosas. Podemos asistir a la catequesis nosotros y nuestros hijos. Tenemos medios de formación y contamos medios de comunicación que difunden la doctrina católica.

Sería injusto decir que nos ha tocado vivir en una ciudad pagana, como lo eran Tiro o Sidón. Tuvimos la gracia de pertenecer al Pueblo de Dios.

Nos cabe entonces hacer fructificar todos los talentos que recibimos y convertir nuestro corazón. Tenemos que rectificar el rumbo y seguir a Jesús. No nos basta con oír la palabra de Dios. El Señor nos pide que la pongamos en práctica. Que nuestra vida sea un fiel reflejo de los valores del Evangelio.

Jesús nos va a pedir cuentas a cada uno en la medida de las oportunidades que se nos brindaron. Cuantas más posibilidades tenemos de conocer a Cristo, cuantas más gracias del Señor hemos recibido, mayor es nuestro compromiso de cristianos.

Pidamos a María que tengamos una verdadera conversión en nuestro corazón y que decidamos corregir nuestros pasos y seguir de cerca a su Hijo Jesús

Lecturas del Miércoles 17 de Julio de 2018

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 11, 25-27

Jesús dijo:

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Reflexión

En este evangelio el Señor nos enseña, que los más sublimes misterios del reino, son revelados a los sencillos y humildes, a los ¨pequeños¨, o más bien a quiénes se tienen por pequeños, pero que en realidad son los grandes para Dios.

La soberbia, en cambio, no permite que el amor de Dios se nos revele.

Ya en el tiempo de Jesús, los escribas y fariseos, por su soberbia, no alcanzaron a comprender que Jesús era el Mesías esperado.

Sí en cambio, se dieron cuenta y los siguieron los apóstoles, que eran gente sencilla, sin mayor cultura, de corazón humilde. Ellos no presumían de sí mismos, porque no tenían de qué presumir, y a ellos sí pudo llegar Jesús. El Señor, pudo conversar con ellos, compartir con ellos, y así irles descubriendo los misterios y secretos de Dios.

Y así mismo sucede en nuestra vida hoy, Dios no cambia sus modos de obrar. Sigue ocultándose a los soberbios y sigue revelándose a los humildes. Por eso el Señor va a poder entrar en nuestras vidas, conversar con nosotros y ayudarnos a entender sus cosas y a cambiarnos, si dejamos de lado nuestra soberbia, si nos hacemos pequeños.

Dios se manifiesta a los sencillos, a los pobres, a los que no han puesto su confianza en el poder ni en la plata. La fe de tanta gente sencilla, es como la de María. Y en esas personas, hace hoy también maravillas el Señor.

En el Evangelio, el Señor nos dice:

Mi Padre puso todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a los que el Hijo quiera dárselo a conocer.

Dios ha querido revelarnos a nosotros sus secretos, en la medida que estemos capacitados para recibirlo. Y nos los ha revelado a través de su Palabra, del Verbo, de Jesús.

Pero no es sólo conocimiento lo que Dios quiso revelarnos, Jesús nos ha revelado que tenemos un Padre que nos ama y nos conoce. Quiso que nosotros supiéramos cómo el Padre está dispuestos a tratarnos, si nosotros lo aceptamos.

Y todo esto nos lo enseña Jesús, el Hijo, porque sólo Él lo conoce en plenitud y profundidad.

Y nosotros somos los afortunados a quien el Señor ha querido revelarnos estás cosas. Pero precisamente por eso, tenemos la enorme responsabilidad de responder a esa predilección del Señor. Porque en la medida de lo que se nos ha dado se nos pedirá cuentas.

Vamos a pedir hoy al Señor, que cada uno de nosotros, escuchemos de nuevo esta palabra del Señor, y que nos esforcemos con la gracia del Espíritu Santo en hacernos niños y pequeñitos para que se nos revele el misterio de Dios, sepamos responderle responsablemente y podamos entrar en su Reino.

Lecturas del Jueves 18 de Julio de 2018

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 11, 28-30

Jesús tomó la palabra y dijo:

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Reflexión

Las palabras de Jesús que nos trae el Evangelio de hoy deben alentarnos y darnos confianza cada vez que la aflicción y el dolor lleguen a nuestras vidas.

Jesús nos libera de los pesos que nos agobian.

San Agustín decía que las cargas más pesadas de los hombres son los pecados.

Y Jesús puede aliviarnos de nuestras cargas, de nuestros pecados, perdonando.

En cada confesión Jesús nos libera. Jesús nos cura. Este sacramento nos llena de paz.

Jesús nos libera de nuestra carga y nos invita a compartir su yugo, nos dice carguen con mi yugo... y sus almas encontrarán alivio

San Agustín nos dice que el yugo que Jesús nos ofrece, no es un peso para quien lo lleva, sino alas para quien va a volar.

La cruz que nos toca a cada uno, nos va a permitir remontarnos hasta Dios.

Junto a Cristo, las dificultades y los obstáculos normales que se encuentran en la vida adquieren un sentido diferente. Cuando estamos junto a Cristo, nuestra cruz, se convierte en la cruz de Cristo.

Jesús nos dice mi yugo es suave

Cuando nuestro camino sigue de cerca las pisadas de Cristo, es un camino lleno de alegría, de esperanza, de paz, aunque estemos siempre cerca de la cruz.

Los cristianos, vamos a tener momentos en nuestra vida de dolor, de enfermedad, de preocupaciones. Si en esos momentos, aceptamos, el dolor, la enfermedad o las dificultades y las ofrecemos a Dios, no serán para nosotros motivo de opresión.

Tengamos confianza, porque el Señor no va a permitir que llegue a nosotros una carga que no podamos sobrellevar acudiendo a Él en demanda de ayuda.

Si alguna vez tropezamos con una contrariedad mayor, entonces Él nos dará mayor gracia para sobrellevarla.

Cuenta una leyenda cómo Dios tuvo misericordia de un hombre que se quejó de su cruz demasiado pesada. Lo hizo entrar en la sala donde estaban reunidas todas las cruces de los hombres, y le dijo: Elige

El hombre se puso a buscar la cruz menos pesada. Vio una muy fina, pero fue mucho más larga y por eso muy incómoda. Vio una pequeña; pero queriéndola levantar se dió cuenta que era pesada como plomo.

Entonces vio una que le gustó, y se la puso sobre los hombros. Pero ésta tenía una punta afilada que le penetró como una espina en la carne. Así todas las cruces tenían algo de desagradable. Y cuando había revisado a todas, no había encontrado todavía nada adecuado. Entonces descubrió una, que había escapado a su atención, de tan escondida que estaba.

Ésta no era demasiado pesada, tampoco demasiado liviana. Era bien manejable, como preparada justamente para él.

Esta cruz la quiso llevar en el futuro.

Pero cuando miró mejor, se dio cuenta de que fue su cruz de siempre, la que hasta ahora había llevado.

Pidamos a la Virgen que nos ayude a asociar nuestra cruz a la cruz de Cristo, y darle a nuestros sufrimientos y contrariedades un valor de redención.

Lecturas del Viernes 19 de Julio de 2018

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 12, 1-8

Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado.»

Pero él les respondió: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo. Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado.»

Reflexión

Este evangelio nos muestra a Jesús, como un hombre libre ante la ley judía. Para Él está claro que LA LEY no era el punto central, alrededor del cual giraba la vida entera.

Para Jesús lo importante era buscar la voluntad del Padre y la ley tenía sentido en tanto reflejaba esa voluntad y estaba al servicio de los hombres.

Por eso Jesús se atreve a modificar la ley y a completarla, en función del hombre.

Para los maestros judíos, guardar el sábado era equivalente a guardar toda la ley. Y el descanso del sábado para ellos, pesaba igual que el resto de la ley.

Por eso si bien en el libro del Deuteronomio, estaba permitido arrancar las espigas en beneficio de los pobres, los fariseos lo condenaron porque se hizo un día sábado.

La actitud de Jesús es terminante, defiende a sus discípulos, y luego les dice que Él es el Señor del sábado, que Él tiene autoridad sobre el sábado.

El Señor rebate las acusaciones de los fariseos con tres razones: el ejemplo de David, el de los sacerdotes, y la preponderancia del propio Jesús por sobre el sábado.

El primer ejemplo era bien conocido por el pueblo acostumbrado a escuchar la lectura de la Biblia. David, huyendo de la persecución del rey Saúl, pide al sacerdote del santuario de Nob alimento para sus hombres; el sacerdote, no teniendo sino los panes de la proposición, se los dio. Eran doce panes que se colocaban cada semana en la mesa de oro del santuario, como homenaje perpetuo de las doce tribus de Israel al Señor.

El segundo ejemplo se refiere al ministerio de los sacerdotes: para realizar el culto divino tenían que hacer en sábado una serie de trabajos, sin desobedecer por ello la ley del descanso.

En tercer lugar, al proclamarse «señor del sábado», Jesús afirma su divinidad y su poder universal. Por esta razón puede establecer otras leyes, igual que lo hizo Yahwéh en el Antiguo Testamento.

Jesús les enseña que la ayuda a quien lo necesita, está por encima del culto y de la misma ley. Por eso agrada a Dios, quien pone la LEY al servicio del amor.

El Señor quiere que antes de atarnos a los mandatos de la ley, que antes de darle culto a Él, atendamos las necesidades de quienes nos rodean.

Ésta lección básica que nos da Jesús, tiene que ser la guía para nuestras comunidades cristianas. Para poder llevar a Dios a los hombres, tenemos primero que luchar por promover al hombre.

Pidamos hoy al Señor, que nos abra los ojos ante las necesidades de los que nos rodean, para que demos a Dios el culto debido, pero anteponiendo siempre el AMOR a LA LEY.

Lecturas del Sábado 20 de Julio de 2018

(15ª Semana. Tiempo Ordinario)

+ Mateo 12, 14-21

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.

Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

Reflexión

En el evangelio de hoy, San Mateo, por inspiración del Espíritu Santo, señala el cumplimiento de la profecía de Isaías sobre el Siervo de Yahvé, en la que prefigura con rasgos muy definidos al Mesías.

Jesús había sido profetizado no como un rey conquistador, sino sirviendo y curando. Isaías ha caracterizado su misión por la mansedumbre, la fidelidad y la misericordia. Las dos imágenes utilizadas: «la caña cascada y la mecha humeante» representan toda clase de miserias, dolencias y penalidades a que está sujeta la humanidad. No terminará el Señor de romper la caña ya cascada; al contrario, se inclina sobre ella, la endereza con sumo cuidado y le da la vida y la fortaleza que le falta. Tampoco apagará la mecha de una lámpara que parece que se extingue, sino que empleará todos los medios para que vuelva a iluminar con luz clara y radiante. Esta es la actitud de Jesús ante los hombres.

El evangelio nos dice muchos lo siguieron, y los curó a todos. Durante la vida pública de Jesús, repetidamente la muchedumbre se agolpaba junto a Él para ser curada. El Señor, al hacer estas curaciones, muestra que es Dios y hombre a la vez; cura en virtud de su poder divino, sirviéndose de su naturaleza humana.

Es gente necesitada la que acude a Cristo. Y el Señor les atiende por amor, porque tiene un corazón compasivo y misericordioso. Durante los tres años de su vida pública curó a muchos, libró a endemoniados, resucitó a muertos. ... Pero no curó a todos los enfermos del mundo, ni suprimió todas las penalidades de esta vida, porque el dolor no es un mal absoluto -como lo es el pecado- y puede llegar a tener valor redentor, si se lo une a los sufrimientos de Cristo.

Jesús realizó milagros que fueron remedio, en casos concretos, de dolores y de sufrimientos, pero eran ante todo un signo y una muestra de su misión divina, de la redención universal y eterna. Y los cristianos continuamos por mandato del Señor su misión: «Vayan y enseñen a todas las gentes, bautizándolas... y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado» Antes de su Ascensión al Cielo el Señor nos dejó su doctrina, y los sacramentos, para que nos acerquemos a ellos en nuestro camino a la vida sobrenatural.

Este agolparse de la gente se reitera en todos los cristianos de cualquier época, porque Jesús es el único camino para nuestra salvación y el medio insustituible para unirnos con Dios.

La gente anda hoy tan necesitada como entonces. También ahora las vemos como ovejas sin pastor, desorientadas, sin saber a dónde dirigir sus vidas. La humanidad, a pesar de todos los progresos de estos veinte siglos, sigue sufriendo dolores físicos y morales, pero sobre todo padece la gran falta de la doctrina de Cristo. Las palabras del Señor siguen siendo palabras de vida eterna, y esta es la gran necesidad del mundo que tiene hambre de saciar su inquietud con las enseñanzas de Jesús.

Como caña cascada fue María Magdalena, y el buen ladrón, y la mujer adúltera... A Pedro, arrepentido por las tres negaciones, el Señor restaura, y ni siquiera le hace prometer que no volverá a negarlo. Solamente le preguntó: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?. Y esa es la pregunta que nos hace a todos, cuando no hemos sido fieles.

Pensemos hoy como es nuestro amor... cómo respondemos a esa pregunta que nos hace el Señor.

 

  

CAPSULA SEMANAL EN AUDIO

In order to view RSCoolMp3Player you need Flash Player 9+ support!

Get Adobe Flash player

VISITAS

Hay 10 invitados y ningún miembro en línea

User Login

 

Actividades de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción

Santa Iglesia Catedral

 

 

 

HOMILÍAS

  • QUE HACER PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA /HOM/14JUL

    QUE HACER PARA ALCANZAR LA VIDA ETERNA

    Las lecturas de este domingo (15 Ord) nos hablan del mandamiento del amor, como la prioridad como discípulos de Jesucristo. La palabra nos invita a vivir la virtud teologal de la Caridad y a asumir las consecuencias que conlleva: amar a Dios y amar al prójimo

    Leer más...
     
  • TODOS SOMOS EVANGELIZADORES

    TODOS SOMOS EVANGELIZADORES

    Las lecturas de este domingo 14 del tiempo ordinario nos hablan de la confianza en Dios y de nuestro compromiso como evangelizares. En la Primera Lectura del Profeta Isaías (Is. 66, 10-14) se nos habla de la confianza en Dios y se nos ofrece una imagen dulce y hermosa, pero a la vez muy concreta y expresiva de cómo debe ser esa confianza. 

    Leer más...
     
  • LLAMADOS A VIVIR LA LIBERTAD EN EL AMOR

    LLAMADOS A VIVIR LA LIBERTAD EN EL AMOR

    Las Lecturas de este domingo nos invitan a reflexionar sobre el llamado de Dios, y en la respuesta que él espera de nosotros. Estamos en la parte más original del evangelio de Lucas: el viaje que emprende Jesús a Jerusalén. En este recorrido el evangelista acomoda gran parte del ministerio de Jesús, abarcando varios capítulos de su evangelio. Más que un viaje geográfico, se trata de un viaje teológico o espiritual; pero también es un viaje que invita a decidirse, a optar por el camino de Jesús. Empecemos con la primera lectura.

    Leer más...
     
  • TU ERES EL MESIAS DE DIOS

    TU ERES EL MESIAS DE DIOS

    El Evangelio de la misa de este domingo nos presenta a Jesús con sus discípulos que se dirigen a un lugar solitario para orar. Mientras caminan, Jesús les hace una pregunta abierta: «¿Quién dice la gente que soy yo?»,

    Leer más...

RELEVANTES

  • EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

      
    1. ¿Qué es?

    El escapulario del Carmen es el signo externo de devoción mariana, que consiste en la consagración a la Santísima Virgen María por la inscripción en la Orden Carmelita, en la esperanza de su protección maternal.

    Leer más...
     
  • Los ministerios laicales

     

     

    Los ministerios laicales

     

    Es un ministro quien sirve en la misión y carisma que el Señor a través de la Iglesia le ha confiado

     

    «Las acciones litúrgicas... pertenecen a todo el Cuerpo de la Iglesia, influyen en él y lo manifiestan; pero cada uno de los miembros de este Cuerpo recibe un influjo diverso, según la diversidad de órdenes, funciones y activa participación.» (sc 26)

    Leer más...
     
  • ORACION POR LOS JÓVENES

    ¡Padre Santo! te pedimos por los jóvenes,
    que son la esperanza del mundo.

    No te pedimos que los saques de la corrupción
    sino que los preserves de ella.

    Leer más...
     
  • LECTURAS DEL 14-20 JULIO



    Lecturas del Domingo 14 de Julio de 2019

    (15ª Semana. Tiempo Ordinario)

    + Lucas 10, 25-37

     Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?»

     Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

     Él le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo.»

    Leer más...
     
JSN Megazine template designed by JoomlaShine.com